UFC Sacramento dejó una gran pelea entre Gregory Rodrigues y Anthony Hernández, diez finalizaciones y un Golden 1 Center con 16.867 espectadores. Pero cuando terminaron los combates apareció una información que vuelve a abrir uno de los debates eternos de las MMA: cuánto cobra realmente un peleador de UFC.
California es uno de los lugares donde todavía podemos asomarnos parcialmente a las cuentas gracias a la publicación de las bolsas declaradas de los peleadores. Y los números de Sacramento permiten entender perfectamente por qué existe tanta polémica alrededor de los salarios de UFC.
Gregory Rodrigues protagonizó el evento principal, peleó durante cinco asaltos contra Anthony "Fluffy" Hernández y consiguió probablemente la victoria más importante de su carrera.
Su bolsa declarada fue de 340.000 dólares: 170.000 por presentarse y otros 170.000 por ganar.
Hernández, que perdió la decisión después de 25 minutos durísimos, se quedó con 170.000 dólares al no recibir el bonus contractual por victoria.
El dato resulta todavía más llamativo cuando se recuerda lo que hicieron ambos para ganarse ese dinero.
Rodrigues y Hernández terminaron una auténtica guerra. Los dos salieron físicamente muy castigados y posteriormente necesitaron revisiones médicas por posibles lesiones importantes en las piernas. No estamos hablando simplemente de aparecer durante unos minutos en televisión: son meses de preparación culminados con 25 minutos de violencia al máximo nivel.
Rodrigues recibió además un bonus de 100.000 dólares por la Pelea de la Noche, elevando considerablemente su remuneración final. Hernández obtuvo el mismo premio.
Pero ahí aparece precisamente una de las peculiaridades del sistema UFC.
Una parte importante de lo que puede transformar una buena noche económicamente depende de conceptos variables: ganar el combate, conseguir un bonus o recibir otros incentivos. El salario garantizado puede ser considerablemente inferior a la cifra que finalmente termina circulando después del evento.
Reinier de Ridder fue otro de los grandes beneficiados económicamente de Sacramento.
El neerlandés regresó al peso semipesado y destrozó a Roman Dolidze en el primer asalto. Su bolsa declarada alcanzó los 360.000 dólares, divididos en 180.000 por competir y otros 180.000 por ganar.
Dolidze recibió 180.000 dólares.
Vitor Petrino cobró 200.000 dólares después de vencer a Serghei Spivac: 100.000 por presentarse y otros 100.000 por conseguir la victoria. Spivac recibió 125.000 dólares pese a la derrota.
Hasta aquí pueden parecer cantidades extraordinarias.
Y evidentemente lo son para cualquier trabajador convencional.
El problema aparece cuando descendemos por la cartelera.
MarQuel Mederos, que derrotó a Mason Jones y consiguió una de las actuaciones destacadas de la noche, tenía una bolsa declarada de 24.000 dólares por competir y otros 24.000 por ganar.
48.000 dólares.
Carli Judice recibió 28.000 por competir y otros 28.000 por ganar.
Y Jeisla Chaves, que llegó invicta a UFC Sacramento y terminó perdiendo por TKO en el primer asalto, tuvo una bolsa declarada de apenas 12.000 dólares.
Ahí es donde resulta difícil evitar la pregunta.
¿Paga poco la UFC?
La respuesta necesita contexto.
12.000 dólares por una pelea no equivalen a 12.000 dólares limpios para el deportista.
Un peleador profesional necesita pagar gimnasio, entrenadores, preparación física, nutrición, fisioterapia y normalmente también un porcentaje a su equipo de representación. Dependiendo de cada contrato y campamento pueden existir además otros gastos.
Después llegan los impuestos.
Y existe otro pequeño detalle: un peleador no puede competir todas las semanas.
Preparar una pelea requiere meses. Hay lesiones, recuperaciones, cortes de peso y periodos en los que simplemente no aparece una nueva oportunidad. Un luchador que compite dos o tres veces al año tiene que conseguir que esas bolsas financien prácticamente toda su carrera deportiva.
Por eso el famoso modelo de cobrar una cantidad por presentarse y otra idéntica por ganar resulta tan polémico.
Un contrato de 12.000 + 12.000 significa que el peleador puede volver a casa con 24.000 dólares si gana, pero solamente con los 12.000 garantizados si pierde.
Y perder no significa necesariamente haber realizado peor trabajo durante los meses anteriores.
El campamento cuesta lo mismo.
Los entrenadores cobran.
La dieta cuesta lo mismo.
El alquiler sigue llegando.
Y si además el peleador termina lesionado, puede pasar meses sin volver a generar ingresos compitiendo.
La diferencia con los deportes estadounidenses más importantes es enorme.
Un jugador de NBA, NFL o MLB pertenece a estructuras donde existe una negociación colectiva y una distribución de ingresos mucho más definida. En UFC los peleadores son contratistas independientes y no existe un sindicato que negocie colectivamente en nombre de todo el roster.
Las MMA tampoco pueden compararse directamente con esos deportes porque el modelo de negocio es diferente, pero la comparación explica buena parte de la discusión.
También existe una diferencia enorme dentro del propio UFC.
Una superestrella puede negociar contratos multimillonarios, incentivos especiales y condiciones completamente diferentes a las de un debutante. Los campeones y los nombres capaces de generar grandes audiencias juegan en otra liga económica.
El problema está precisamente debajo de ellos.
UFC vende la idea de que reúne a los mejores peleadores de MMA del planeta. Y en buena medida es cierto. Llegar a la compañía supone superar una competencia enorme.
Por eso resulta chocante que un atleta que ha alcanzado esa élite pueda seguir teniendo una bolsa garantizada comparable a la que un deportista profesional de otras disciplinas gana en periodos muchísimo más cortos.
Los bonus ayudan, pero tampoco solucionan el problema estructural.
Sacramento repartió premios importantes y varios peleadores multiplicaron sus ingresos gracias a ellos. Pero depender de conseguir una actuación excepcional o protagonizar la Pelea de la Noche no puede considerarse un salario garantizado.
Además, los salarios declarados no cuentan toda la historia.
Las cantidades publicadas por las comisiones no necesariamente incluyen todos los conceptos que puede recibir un peleador. Existen incentivos promocionales, posibles pagos adicionales y acuerdos contractuales que no siempre aparecen reflejados públicamente.
Por eso sería incorrecto afirmar que conocemos exactamente cuánto ingresó cada participante de UFC Sacramento.
Lo que sí conocemos son las bolsas declaradas.
Y esas cifras permiten plantear una discusión legítima.
El evento reunió a 16.867 espectadores y generó aproximadamente 3,3 millones de dólares únicamente en taquilla. A eso hay que sumar el valor de los derechos audiovisuales, patrocinios y el resto del negocio generado alrededor de una cartelera de UFC.
Frente a ese contexto, ver a un peleador de la mayor organización de MMA del mundo competir por 12.000 dólares garantizados resulta difícil de defender.
La situación se vuelve todavía más evidente cuando se compara con el boxeo.
Las estrellas del boxeo pueden generar bolsas extraordinariamente superiores a las de prácticamente cualquier peleador de MMA. Es cierto que esos contratos pertenecen a una minoría y que un boxeador desconocido tampoco gana millones, pero la diferencia en la capacidad de negociación de las grandes figuras resulta evidente.
UFC tiene una ventaja y al mismo tiempo un problema.
Ha conseguido construir una marca tan poderosa que muchas veces la propia compañía es más importante comercialmente que los peleadores.
Un aficionado compra una entrada para "UFC Sacramento". No necesariamente para una promotora creada alrededor de Gregory Rodrigues.
Eso permite organizar eventos todas las semanas, sustituir peleadores cuando aparecen lesiones y mantener un producto reconocible independientemente de quién compita.
Es uno de los mayores éxitos empresariales de UFC.
Pero también explica por qué el peleador individual dispone de mucho menos poder negociador.
Sacramento vuelve a dejarlo perfectamente representado.
Rodrigues protagonizó una guerra de cinco asaltos y terminó recibiendo una cantidad importante. De Ridder superó los 300.000 dólares. Petrino alcanzó los 200.000.
Son buenos salarios.
Pero en la misma cartelera hubo peleadores entrando al octágono con bolsas garantizadas de apenas unas decenas de miles de dólares.
Todos habían llegado al mismo lugar.
La UFC.
La organización de MMA más importante del planeta.
Por eso quizá la pregunta correcta no sea si 12.000, 24.000 o 28.000 dólares son mucho dinero.
La pregunta es cuánto debería cobrar uno de los mejores peleadores de MMA del mundo por poner su salud en juego dentro de la organización más poderosa que ha existido en este deporte.
Y viendo las cifras de UFC Sacramento, resulta difícil sostener que la respuesta deba seguir siendo 12.000 dólares.