La derrota de Joel Álvarez en UFC 328 ha servido para que muchos aficionados descubran realmente quién es Yaroslav Amosov. Para el público casual de UFC puede parecer un nombre nuevo, pero la realidad es que el ucraniano llevaba años considerado como uno de los mejores pesos wélter fuera de la compañía.
Amosov construyó gran parte de su reputación en Bellator, donde llegó a convertirse en campeón del peso wélter y en uno de los peleadores más dominantes de toda la organización. Durante años acumuló una racha de victorias prácticamente perfecta gracias a un estilo basado en el sambo, el control y una presión constante que hacía que muy pocos rivales pudieran competir cómodos contra él.
Su wrestling y su grappling siempre fueron su principal arma. Amosov no necesitaba grandes intercambios de striking para dominar peleas; le bastaba con imponer el ritmo, derribar y desgastar. Esa fórmula le permitió mantenerse invicto durante muchísimo tiempo y convertirse en uno de los nombres más respetados fuera de UFC.
Sin embargo, su historia cambió completamente cuando estalló la guerra en Ucrania.
En pleno momento álgido de su carrera deportiva, Amosov decidió apartarse temporalmente de las MMA para quedarse en su país tras la invasión rusa. Mientras seguía siendo campeón de Bellator, aparecieron imágenes suyas vestido con uniforme militar ayudando en tareas de defensa territorial junto a otros deportistas ucranianos.
Uno de los momentos más impactantes de aquella etapa llegó cuando recuperó su cinturón de Bellator entre los escombros de su casa en Irpin, una ciudad especialmente castigada durante el conflicto. Aquellas imágenes dieron la vuelta al mundo y convirtieron a Amosov en una figura mucho más conocida incluso fuera del MMA.
Tras regresar a la competición, el ucraniano demostró rápidamente que seguía siendo uno de los mejores luchadores de la división. Aunque terminó perdiendo el cinturón de Bellator ante Jason Jackson, su nivel competitivo nunca dejó de estar entre la élite.
Con el cierre progresivo de Bellator y los cambios dentro de PFL, Amosov acabó dando finalmente el salto a UFC, un movimiento que muchos aficionados llevaban años esperando.
Su debut dentro del octágono dejó claro inmediatamente el nivel que traía consigo. Enfrente tenía a Neil Magny, uno de los veteranos más duros y experimentados de toda la división. Amosov no solo ganó: sometió a Magny en el primer asalto y mandó un mensaje muy claro al peso wélter.
Después llegó la pelea contra Joel Álvarez en UFC 328. El español llegaba en uno de los mejores momentos de su carrera, con opciones reales de acercarse al top 15 tras su salto al peso wélter. Pero Amosov volvió a demostrar por qué tantos especialistas lo consideran uno de los grapplers más peligrosos de toda la categoría.
El ucraniano neutralizó gran parte del striking de Joel, llevó el combate a su terreno y terminó encontrando la sumisión en el segundo asalto con un arm triangle choke después de un derribo violentísimo.
La victoria colocó definitivamente su nombre en la conversación importante del peso wélter de UFC. Porque aunque muchos fans lo estén descubriendo ahora, la realidad es que Amosov llevaba años compitiendo al nivel de los mejores.
Su mezcla de disciplina táctica, sambo de élite y experiencia en grandes escenarios lo convierten en uno de los rivales más incómodos de toda la división.
Y tras derrotar a Joel Álvarez, la sensación dentro del mundo MMA es clara: Yaroslav Amosov ya no es solo un excampeón de Bellator… ahora es un problema muy serio dentro de UFC.