Josh Hokit se ha convertido en cuestión de semanas en uno de los nombres más comentados de toda la UFC. No por un cinturón, ni por una racha histórica, sino por una mezcla explosiva de nocauts, provocaciones constantes y polémicas que ya han empezado a dividir completamente a los aficionados.
El peso pesado estadounidense llevaba años compitiendo en el circuito regional, pero su irrupción definitiva en UFC ha sido cualquier cosa menos discreta. Hokit llegó con fama de atleta explosivo gracias a su pasado en lucha universitaria y fútbol americano, pero rápidamente empezó a llamar más la atención por lo que hacía fuera de la jaula que por sus propios combates.
Su gran explosión mediática llegó tras UFC 324 y UFC 327, donde acumuló actuaciones violentas, bonos y entrevistas postpelea completamente fuera de control. En cuestión de meses pasó de ser un desconocido para gran parte del público a convertirse en uno de los personajes más polémicos del roster.
Durante sus entrevistas y apariciones públicas ha lanzado comentarios extremadamente controvertidos sobre deportistas, política, temas sociales y cultura “woke”. Algunas de sus declaraciones sobre personas trans, figuras públicas y colectivos concretos provocaron una oleada de críticas incluso dentro del propio entorno MMA.
Dana White llegó a reconocer públicamente que algunas de sus declaraciones no le habían gustado, aunque eso no impidió que Hokit siguiera ganando protagonismo dentro de la compañía.
Pero el verdadero salto llegó tras su guerra contra Curtis Blaydes en UFC 327. Aquella pelea, salvaje de principio a fin, lo convirtió definitivamente en una figura viral. Hokit recibió un enorme castigo, sobrevivió a momentos muy complicados y terminó protagonizando uno de los combates más caóticos del año. Su capacidad para convertir cada pelea en un espectáculo hizo que rápidamente la UFC lo colocara en la cartelera de UFC Freedom 250, el histórico evento que se celebrará en la Casa Blanca.
Desde entonces, Hokit parece haber abrazado completamente el papel de villano. Y la rueda de prensa de UFC Freedom terminó de confirmarlo.
Durante el evento promocional celebrado esta semana, Hokit empezó a lanzar provocaciones hacia varios de los nombres más importantes presentes en el escenario. Primero buscó la reacción de Alex Pereira, intentando incomodarlo continuamente mientras el brasileño permanecía prácticamente impasible.
Sin embargo, todo explotó cuando dirigió sus ataques hacia Ilia Topuria.
El campeón hispano-georgiano reaccionó inmediatamente después de escuchar varios insultos y comentarios provocadores. Topuria se levantó de su asiento y durante unos segundos pareció dispuesto a encararse físicamente con Hokit delante de toda la prensa.
La tensión aumentó todavía más cuando, tras separarlos, Topuria terminó lanzando un objeto hacia la zona donde estaba Hokit. Seguridad tuvo que intervenir rápidamente y el estadounidense acabó siendo expulsado del escenario en mitad del caos.
El incidente disparó todavía más la conversación alrededor de su figura. Para algunos aficionados, Hokit representa exactamente el tipo de personaje polémico y caótico que la UFC llevaba tiempo buscando. Para otros, está cruzando demasiadas líneas demasiado rápido.
Lo curioso es que, deportivamente, sigue siendo un peleador muy peligroso. Continúa invicto, posee una potencia enorme y parece sentirse cómodo dentro del caos.
Y esa mezcla es precisamente lo que lo está convirtiendo en uno de los nombres más impredecibles de la organización.
Porque a estas alturas ya no está claro si Josh Hokit quiere ser campeón… o simplemente convertirse en el hombre del que todo el mundo hable cada semana.