Michael "Venom" Page tiene un problema bastante extraño: gana casi siempre, pero eso podría no ser suficiente para garantizar su continuidad en UFC.
MVP derrotó a Nursulton Ruziboev por decisión unánime en UFC París y elevó su récord dentro de la compañía hasta un excelente 5-1. Sobre el papel, prácticamente nada que reprochar.
La realidad fue bastante diferente.
El público del Accor Arena terminó abucheando una pelea con largos periodos de inactividad, pocas acciones realmente peligrosas y prácticamente ninguna sensación de que Page estuviera dispuesto a asumir el riesgo necesario para buscar una finalización.
Las estadísticas ayudan a entender la frustración: MVP conectó solamente 12 golpes significativos durante los tres asaltos.
Y no es un problema exclusivo de París.
Page llegó a UFC con una reputación construida alrededor de sus movimientos imprevisibles y algunos nocauts espectaculares. Sin embargo, después de seis combates en la compañía todavía no ha conseguido una sola finalización.
Cinco victorias. Una derrota. Cero finalizaciones.
Un balance deportivo excelente que esconde un problema importante para una empresa que también vende entretenimiento.
Page pelea para ganar y su estilo funciona. Mantiene una distancia enorme, espera el ataque del rival, entra con enorme velocidad, puntúa y vuelve a desaparecer antes de recibir la respuesta.
El problema aparece cuando el rival tampoco quiere exponerse.
Entonces la pelea puede convertirse en quince minutos de fintas, movimientos y acciones aisladas donde Page continúa siendo técnicamente superior, pero prácticamente desaparece cualquier posibilidad de nocaut.
Eso fue exactamente lo que volvió a ocurrir en París.
Y esta vez existe un detalle especialmente importante: era la última pelea del contrato actual de MVP con UFC.
Por eso la situación resulta tan peculiar.
Normalmente un peleador con un 5-1 dentro de UFC y cuatro victorias consecutivas tendría prácticamente asegurada una renovación.
Con Page no parece tan sencillo.
El propio británico ha reconocido después del combate que necesita cambiar.
MVP considera que está siendo demasiado preciso y conservador, que en determinados momentos siente que se contiene y que necesita asumir más riesgos. Su intención ahora es modificar parcialmente su estilo para generar más volumen y conseguir que sus rivales se sientan suficientemente cómodos como para entrar en intercambios.
La reflexión tiene bastante sentido.
Page parece haberse encontrado con una paradoja.
Su estilo es tan incómodo que muchos rivales priorizan sobrevivir y evitar sus contragolpes. Pero Page tampoco está dispuesto a abandonar su distancia para perseguirlos.
El resultado es que nadie se expone.
Y nadie cae.
El propio MVP reconoce que necesita volver al gimnasio y encontrar una solución porque sabe que puede ofrecer bastante más.
También ha admitido algo todavía más revelador: UFC ya no estaba especialmente satisfecha con algunas de sus actuaciones anteriores y difícilmente la pelea de París habrá cambiado esa percepción.
Ahora tendrá que sentarse con la compañía para negociar su futuro.
Y aquí aparece una de las discusiones más interesantes alrededor de UFC.
¿Debe renovar automáticamente a un peleador que gana?
Deportivamente, resulta difícil justificar la salida de alguien con un récord de 5-1 y capacidad demostrada para competir contra rivales de nivel.
Pero UFC nunca ha funcionado únicamente como una clasificación deportiva.
Necesita peleadores que generen interés, vendan entradas, produzcan momentos memorables y permitan construir nuevas peleas.
Page cumplió 39 años en abril y probablemente ya no tenga tiempo para una reconstrucción lenta. Si UFC vuelve a apostar por él, necesitará demostrar rápidamente que todavía existe aquel MVP capaz de convertir un combate en un highlight.
Su talento continúa siendo evidente.
El problema es que últimamente también lo es el aburrimiento.
Michael Venom Page ha encontrado una fórmula excelente para ganar peleas.
Ahora necesita encontrar otra para que el público quiera verlas.