Una de las frases más repetidas en las artes marciales mixtas es que las matemáticas no funcionan. Cada vez que un aficionado intenta predecir un combate basándose únicamente en resultados anteriores, la UFC se encarga de recordarle que este deporte rara vez sigue una lógica lineal.
La prueba más reciente la encontramos en el caótico triángulo formado por Ilia Topuria, Justin Gaethje, Max Holloway y Charles Oliveira.
Sobre el papel parecía sencillo sacar conclusiones. Topuria había noqueado a Charles Oliveira. También había derrotado de forma contundente a Max Holloway. A su vez, Holloway protagonizó uno de los nocauts más memorables de la historia reciente cuando acabó con Justin Gaethje en el último segundo de su combate. Oliveira también había derrotado anteriormente a Gaethje.
Siguiendo la lógica de muchos aficionados, Topuria debía ser una pesadilla para el estadounidense. Sin embargo, las MMA volvieron a demostrar que no entienden de ecuaciones. Cuando ambos se encontraron en el UFC Freedom 250, fue Gaethje quien terminó imponiéndose tras una auténtica guerra, desmontando cualquier comparación basada en resultados previos.
Y es que las MMA siempre han castigado a quienes intentan simplificar demasiado el deporte.
Uno de los ejemplos más famosos de la historia moderna llegó en el peso pluma. José Aldo dominó la división durante años y parecía prácticamente invencible. Conor McGregor lo noqueó en apenas trece segundos y muchos interpretaron aquello como una demostración de superioridad absoluta. Sin embargo, poco después Nate Diaz derrotó a McGregor, mientras que Aldo jamás llegó a enfrentarse a Diaz. Las comparaciones dejaron de tener sentido desde el primer momento.
Otro caso histórico se produjo en el peso ligero. Eddie Alvarez derrotó a Rafael dos Anjos para conquistar el cinturón. Posteriormente fue completamente superado por Conor McGregor. Años después, Dustin Poirier derrotó a McGregor en dos ocasiones consecutivas. Sin embargo, cuando Poirier y Alvarez compartieron jaula, la rivalidad terminó con un combate sin vencedor claro y posteriormente una victoria para Poirier tras un enfrentamiento mucho más igualado de lo esperado.
La carrera de Matt Serra también ofrece uno de los mejores ejemplos jamás vistos. Georges St-Pierre era considerado uno de los peleadores más completos del planeta cuando Serra protagonizó una de las mayores sorpresas de la historia al derrotarlo. Nadie discutía que St-Pierre era técnicamente superior en prácticamente todos los apartados, pero aquella noche la lógica simplemente desapareció.
Más recientemente, el peso ligero ha sido un auténtico laboratorio para demostrar la inutilidad de las matemáticas aplicadas a las MMA. Dustin Poirier derrotó a Max Holloway. Holloway derrotó a Justin Gaethje. Y Gaethje derrotó a Dustin Poirier con una espectacular patada a la cabeza. Un círculo perfecto que demuestra cómo los estilos suelen importar mucho más que los resultados previos.
El fenómeno tiene una explicación relativamente sencilla. Las MMA no son un deporte uniforme. Cada peleador plantea problemas distintos. Algunos destacan por su presión constante. Otros dependen de la distancia. Algunos son especialistas en lucha, mientras que otros basan todo su éxito en el striking. Un luchador puede tener enormes dificultades frente a un rival concreto y, sin embargo, dominar a otro peleador que previamente había derrotado a ese mismo oponente.
Por eso los entrenadores suelen rechazar cualquier análisis basado únicamente en victorias y derrotas cruzadas. El contexto importa. El momento de la carrera importa. Las lesiones importan. El peso importa. El estilo importa. Incluso una mala noche puede cambiar por completo el resultado.
La historia de la UFC está llena de ejemplos similares. Campeones que parecían imparables y cayeron ante rivales inesperados. Aspirantes que fueron dominados por peleadores a los que supuestamente debían superar con facilidad. Leyendas que perdieron frente a competidores con un currículum aparentemente inferior.
Y ahora Topuria y Gaethje se han unido a esa larga lista.
Porque si algo ha demostrado el UFC Freedom 250 es que las matemáticas pueden funcionar en una hoja de papel, pero rara vez sobreviven cuando la puerta del octágono se cierra. En las MMA no gana quien derrotó al rival que venció al rival que derrotó al otro. Gana quien encuentra la solución correcta esa noche.
Y precisamente por eso este deporte sigue siendo tan fascinante.