Darren Elkins ha puesto punto final a una de las carreras más particulares y longevas de la historia reciente de UFC. "The Damage" se retiró después de caer por TKO ante Yadier del Valle en apenas 35 segundos durante UFC Vegas 120, cerrando más de 16 años dentro de la compañía de una manera bastante más amarga de la que muchos aficionados habrían deseado.
Elkins tenía 42 años, llevaba compitiendo profesionalmente desde 2007 y había debutado en UFC en marzo de 2010. Enfrente tenía a Del Valle, un peleador de 30 años que se encuentra prácticamente en el extremo contrario de su carrera.
Doce años de diferencia y, sobre todo, dos momentos deportivos completamente distintos.
Del Valle no era un veterano elegido para compartir una última batalla con Elkins. Era un peleador en ascenso, físicamente fresco y con un récord profesional de 10-1 antes de la pelea. El estadounidense, por el contrario, llegaba después de toda una vida acumulando guerras dentro del octágono.
El resultado terminó reflejando esa diferencia de momentos.
Del Valle salió rápido, encontró una izquierda prácticamente en el primer intercambio serio y mandó a Elkins al suelo. El castigo posterior obligó al árbitro a detener el combate cuando apenas habían transcurrido 35 segundos.
No hubo última guerra, remontada imposible ni despedida de película.
Simplemente un peleador joven y explosivo pasando por encima de un veterano que ya había anunciado que aquella sería su última noche.
Y precisamente ahí aparece una cuestión inevitable: ¿era realmente necesario darle este rival a Darren Elkins para su combate de retirada?
UFC no tiene la obligación de regalar victorias a sus veteranos. Una pelea profesional debe mantener siempre un mínimo de legitimidad competitiva y tampoco sería justo colocar delante de Elkins a un rival seleccionado únicamente para perder.
Pero entre regalarle una victoria y enfrentar a un peleador de 42 años, después de más de 40 combates profesionales y 16 años en UFC, contra un prospecto doce años más joven existe bastante margen.
Especialmente porque Elkins no era un veterano cualquiera.
"The Damage" construyó prácticamente toda su identidad deportiva alrededor de recibir castigo y continuar avanzando. Nunca fue campeón, nunca se convirtió en una gran estrella de pago por visión y probablemente nunca estuvo entre los peleadores técnicamente más brillantes de su generación. Aun así, terminó siendo uno de los nombres más reconocibles del peso pluma.
Su apodo no podía describirle mejor.
Las peleas de Elkins se convirtieron durante años en una prueba de resistencia. Podía perder intercambios, acabar con el rostro completamente ensangrentado y parecer a segundos de ser finalizado para después encontrar una manera de regresar al combate.
La victoria sobre Mirsad Bektic en 2017 representa probablemente el mejor ejemplo de toda su carrera. Elkins fue dominado durante buena parte del enfrentamiento, recibió un enorme castigo y terminó protagonizando una remontada memorable para ganar por nocaut en el tercer asalto.
Ese combate resumía perfectamente quién era Darren Elkins.
No hacía falta que fuera mejor que su rival durante quince minutos. Había que conseguir que dejara de pelear, y durante muchos años eso fue extraordinariamente complicado.
También consiguió victorias importantes frente a nombres como Michael Johnson, Dennis Bermudez, Hatsu Hioki o Charles Oliveira durante una trayectoria que terminó extendiéndose por diferentes generaciones del peso pluma.
El problema es que un estilo basado en semejante capacidad para absorber daño tiene inevitablemente fecha de caducidad.
El propio Elkins había reconocido antes de UFC Vegas 120 que los campamentos eran cada vez más duros para su cuerpo. A los 42 años entendía que había llegado el momento de terminar y había anunciado previamente que el combate contra Del Valle sería el último de su carrera independientemente del resultado.
Por eso el matchmaking resulta todavía más discutible.
Del Valle tenía mucho más que ganar deportivamente que Elkins. El cubano necesitaba recuperar impulso y continúa construyendo su trayectoria dentro de UFC. El veterano, en cambio, no necesitaba demostrar absolutamente nada.
La diferencia generacional quedó perfectamente representada por un dato curioso: cuando Elkins comenzó su carrera profesional, Yadier del Valle tenía apenas diez años.
Eso no convierte automáticamente el emparejamiento en injusto. Elkins aceptó competir y seguía siendo un peleador profesional contratado por UFC. Pero tratándose de una despedida anunciada, resulta razonable preguntarse si no existía una alternativa más equilibrada.
Una pelea contra otro veterano en una situación similar habría tenido incluso más atractivo narrativo. Dos carreras llegando al final, niveles de desgaste comparables y la posibilidad de despedir a una figura histórica de la división con un combate más acorde a su momento deportivo.
UFC eligió otro camino.
Para Yadier del Valle, evidentemente, no hay nada que reprochar. Su obligación era ganar y lo hizo de la forma más contundente posible. No eligió la edad de su rival ni el momento de su carrera. Recibió un nombre conocido y aprovechó la oportunidad en 35 segundos.
La crítica, si existe, debe dirigirse exclusivamente al emparejamiento.
El resultado tampoco debería empañar el legado de Darren Elkins.
Su carrera nunca se construyó alrededor de cinturones. Se construyó alrededor de algo bastante más difícil de medir: la capacidad de convertir peleas aparentemente perdidas en auténticas batallas.
Durante más de una década fue uno de esos peleadores que justificaban ver una preliminar incluso cuando el gran público apenas conocía su nombre.
Elkins se marcha después de haber atravesado varias generaciones de UFC y de haber competido dentro del octágono durante más de 16 años. Muy pocos consiguen mantenerse tanto tiempo en la mayor organización de MMA del mundo.
Su última imagen será la de una derrota rápida ante un peleador doce años más joven.
No fue el final de película que merecía una carrera como la suya. Quizá tampoco era necesario ponerle delante a uno de los hombres que representan precisamente la generación que viene a sustituirle.
Pero hay algo paradójicamente coherente en todo ello.
Darren Elkins pasó toda su carrera siendo "The Damage" y se marcha exactamente igual que vivió dentro del octágono: sin elegir el camino fácil.
Esta vez, definitivamente, ya no tendrá que levantarse una vez más.