Por qué estás estancado en Jiu Jitsu (cuando realmente estás mejorando)

Cómo romper el estancamiento mental en jiu-jitsu

En jiu-jitsu, el “plateau” rara vez nace en la técnica. Suele aparecer cuando te convences de que ya no avanzas. Ese diálogo interno distorsiona tu percepción y te empuja a buscar pruebas de que todo va mal. El resultado: ignoras las mejoras pequeñas y pierdes claridad sobre tu progreso real. Cuando entras en ese bucle, empiezas a mirar cada rol como un examen. Analizas de más. Te preguntas por qué no dominas ciertas posiciones. Crees que retrocedes aunque tu juego apenas haya cambiado. Esa narrativa crea tensión y reduce tu capacidad de aprendizaje. El ego como freno Si compras esa historia, dejas de arriesgar. Evitas posiciones nuevas. Te proteges para no quedar expuesto. El ego te mantiene en zonas seguras que no enseñan nada. El caso extremo: quien solo rueda con gente a la que domina o esquiva días de graduación por miedo al contraste. Esa estrategia evita golpes al orgullo, pero te encierra en un tatami que ya no te desafía. Si ruedas siempre en terreno conocido, tu nivel se estanca. El ego no te está defendiendo; te está quitando oportunidades. La salida: exposición deliberada Romper el bloqueo exige hacer justo lo que no quieres: exponerte. Pedir ronda a quien ahora te supera. Entrar en las posiciones que evitas. Aceptar que te finalicen sin convertirlo en un drama. Practicar tus áreas débiles sin esconderlas. Verse mal no es un problema. El problema es dejar de aprender por miedo a cómo te ves. La incomodidad es parte del entrenamiento. No necesitas sesiones heroicas; necesitas volver a probar, fallar y ajustar sin esa presión interna de “parecer bueno”. Nadie te está juzgando Crees que todos observan tus errores, pero la mayoría está preocupada por los suyos. No eres el centro del tatami. Cuando entiendes esto, recuperas espacio mental para experimentar. Si tratas cada rol como un laboratorio, reduces ansiedad y aumentas atención. Ese cambio convierte los fallos en información útil, no en amenazas. El ejemplo de Eddie Eddie, 55 años. Perdió peso, mejoró su salud y hasta elevó su testosterona gracias a los hábitos que construyó alrededor del jiu-jitsu. También sintió el golpe al ego cuando otros avanzaban más rápido. En vez de aislarse, escuchó a sus entrenadores y entrenó con intención. Ajustó su juego sin obsesionarse por destacar en cada sesión. Su progreso vino de constancia, curiosidad y voluntad de adaptarse. Eddie demuestra que el estancamiento no se combate acumulando repeticiones al azar, sino trabajando la mente que ejecuta esas repeticiones. Qué hacer tú Si sientes que no avanzas, no te escondas. Revisa el diálogo que mantienes contigo. Deja de medir tu valor por cada rol. Busca exposición a lo que evitas. Rueda con quien te complica. Practica tus puntos débiles sin maquillarlos. Observa tu progreso en semanas, no en micro-momentos. Cuando entrenas con curiosidad y aceptas verte vulnerable, los “plateaus” se rompen porque ya no les das el terreno mental para crecer. Tu jiu-jitsu mejora donde más duele: en la fricción entre lo que eres hoy y lo que intentas construir. Ese es el trabajo real. Y está al alcance de cualquiera que decida enfrentarlo sin excusas.

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