"Dios creó hombres grandes y hombres pequeños. El Jiu-Jitsu los hizo a todos iguales". ¿Mito o realidad?

¿Qué hay detrás de la famosa frase de Hélio Gracie, el legendario artista marcial y cofundador del Jiu-Jitsu Brasileño (BJJ)?

El jiu-jitsu iguala el terreno, pero no desde el primer día

Hay una frase que se repite en casi todos los gimnasios de jiu-jitsu del mundo. Aparece en los vídeos de YouTube, en las entrevistas a los Gracie, en el cartel de la entrada de más de una academia: el jiu-jitsu es el arte que iguala las diferencias físicas.

Y es verdad. Pero hay una parte que nadie te cuenta cuando te inicias en este deporte.

Los primeros meses van a ser duros. Especialmente si eres pequeño

Cuando llevas poco tiempo entrenando y ruedas con alguien que te saca diez o quince kilos pero tiene tu mismo nivel, lo más probable es que lo pases mal. No porque hagas algo mal. No porque el jiu-jitsu no funcione. Sino porque él puede equivocarse y aún así controlarte y someterte. Tú no puedes permitirte ese lujo todavía.

El peso no compra técnica. Pero sí compra margen de error, y ese margen al principio es enorme.

Es algo que se ve constantemente en el tatami. El cinturón blanco grande aplasta al cinturón blanco pequeño casi sin saber cómo. Sin guardia, sin estructura, sin transferencia de peso correcta. Simplemente se echa encima y funciona. Y el pequeño sale de la rola frustrado preguntándose qué ha hecho mal.

La respuesta honesta es: probablemente nada. Solo que aún no tiene las herramientas para manejar esa situación.

El peso tiene un techo. La técnica no

Aquí está la parte del mito que sí es verdad, y que con el tiempo vas a entender en el cuerpo, no solo en la cabeza.

La fuerza bruta llega hasta cierto punto y se para. No puedes forzar una guillotina sin la alineación correcta. No puedes retener la espalda de alguien que sabe sacarla, da igual cuánto peses. No puedes mantener a alguien en 100 kilos si no sabes distribuir el peso. La fuerza tapa muchos agujeros técnicos, pero no los elimina, y cuando te encuentras con alguien que sí tiene técnica, esos agujeros aparecen todos a la vez.

Un cinturón marrón o negro con buena técnica va a manejar a casi cualquier cinturón azul más grande. Casi siempre. Pero entre blancos y azules la historia es otra, y pretender que no es así no le hace ningún favor a nadie.

Hay otro factor que tampoco se habla suficiente: el cardio. El juego de fuerza es caro. El tipo grande que aprieta con todo desde el primer minuto llega al tercero con los brazos quemados. Si sabes sobrevivir esa primera tormenta, si no te atascas donde él quiere tenerte y puedes gestionar el ritmo, el tatami empieza a nivelarse solo. Pero para eso necesitas herramientas: escapes, recuperación de guardia, controlar tu respiración, saber moverte sin gastarte tú también.

Y esas herramientas tardan en construirse.

Lo que nadie te dice en la primera clase

Si eres el más pequeño del gimnasio, tu curva de aprendizaje es distinta a la del resto. No más difícil en el fondo, pero sí más exigente al principio. Tus escapes tienen que ser mejores antes. No puedes quedarte en posiciones malas esperando que algo cambie. Tienes que moverte, usar ángulos, jugar con el timing en lugar de intentar igualar lo que no puedes igualar.

Eso no es una desventaja permanente. Es el juego que te tocó, y tiene algo valioso que el más grande no aprende hasta mucho más tarde: te obliga a desarrollar técnica real desde el principio, porque no tienes otra opción.

El jiu-jitsu sí iguala. Solo que el proceso lleva años, no meses. Y mientras tanto, lo más útil que puedes hacer es entender dónde estás realmente, absorver toda la información que puedas, aprender de cada lucha y buscar tu propio juego.

Fuente:mmalegion.com

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